¿Recuerdas la última vez en la que no sentiste ninguna tensión?

Es posible que me digas que sí, que en general no sueles sentir grandes tensiones.

Pero el problema es que una cosa es sentirlas y otra, tenerlas.

Porque un exceso de tensión no es algo ni natural ni agradable y el cuerpo termina por acostumbrarse e insensibilizarse.

Imagino que te preguntarás que a qué viene este tema de las tensiones. O por qué es tan importante.

Bien, pues por hacerte un breve resumen, te diré que nos afecta en todo.

Sí, como lo oyes.

Si hablamos del físico, estamos hablando de hipertensión, dolores musculares, problemas cardíacos y una docena más de problemas de salud que se están investigando.

Si hablamos de la mente, tenemos que asumir que cuando estamos demasiado tensos, perdemos memoria a corto plazo, nuestra capacidad de razonamiento disminuye, planificamos peor y tomamos más decisiones equivocadas.

En lo emocional, adormecemos todas las sensaciones, tenemos la rabia a flor de piel, a veces tenemos momentos de miedo de esos que no reconocemos y la depresión está a la vuelta de la esquina.

Y el mundo de las relaciones tampoco se queda atrás: nuestra capacidad de sentir empatía se encoge hasta casi desaparecer, tenemos más facilidad para los arrebatos violentos y nuestras relaciones tienden más a funcionar en los niveles de dominio- sumisión.

Y lo peor es que todo esto que te acabo de contar no es cosa mía: ojalá lo fuera.

En realidad es el resultado de miles de investigaciones que nos llevan siempre a la misma conclusión: el ser humano solo está diseñado para funcionar con un nivel determinado de tensión durante un tiempo determinado.

Todo lo que exceda ese nivel y ese tiempo, provocará todos los problemas que te acabo de citar y alguno más.

Pero también es cierto que si vivo sin ningún tipo de tensión, no seré capaz de activarme y crearé problemas donde no los hay.

Conclusión: para vivir necesitamos desafíos, pero que no sean ni demasiado fáciles ni demasiado difíciles.

Lo cierto es que no creo haberte contado nada que no sepas.

Pero lo que viene ahora, tal vez te interese más.

Según el tipo de persona que seas y de cómo funcionen tus hemisferios cerebrales, serás más o menos sensible a los efectos de la tensión.

No sé si te habrás fijado en lo que te voy a decir, pero te invito a que hagas memoria:

Seguro que conoces personas que disfrutan creando tensión y se sienten mejor después de una buena discusión.

Y seguro que también conoces personas que después de un conflicto se sienten desfondadas y sin energía.

Es muy importante que pienses a qué grupo perteneces y de qué personas te rodeas.

Para poder gestionar tu nivel adecuado de tensión, tienes que conocerlo primero.

Pero hay un paso más.

Hay personas (que en mi opinión tienen un punto de perversión) que son auténticos artistas tensando a los demás, porque saben que así disminuyen sus capacidades y pueden dominarlos con facilidad.

No es que sean los campeones de la empatía, precisamente.

Y si a eso le sumamos el entorno en el que vivimos, dominado por epidemias, crisis, inseguridad y demás cosas estresantes con las que nos regalan todos los días, veremos que nuestros niveles de tensión se disparan desde el momento en el que nos levantamos por la mañana.

La cuestión principal es que controlar los propios niveles de tensión y saber mantenerlos en un nivel adecuado es responsabilidad de cada persona.

Nadie te va a ayudar a hacerlo.

Y es una de las cosas más importantes que debes aprender a hacer en tu vida.

Así que termino haciéndote una pregunta:

¿Qué vas a hacer al respecto?

De tu respuesta depende el resto de tu vida.

 

Saludos.