Cuenta la tradición que cuando se abrió la Caja de Pandora, todos los males del mundo salieron y asolaron a la humanidad.

Para que los seres humanos pudieran seguir viviendo, lo único que quedó en su interior fue la Esperanza.

La Esperanza de que ésta mala racha que estás pasando acabará.

La creencia de que ese ser querido que ha muerto irá a  un lugar mejor.

La fe de que hay personas que merece la pena conocer y situaciones estupendas por vivir.

Nuestro idioma tiene una verbo para cuando alguien renuncia a toda esperanza: éste verbo es “rendirse”.

Una persona puede perder, puede ser derrotada, pero no perderá en su lucha por la vida mientras no se rinda.

Todo aquel que trabaja por el bienestar de los demás sabe que cuando se ha tocado fondo, lo primero que hay que hacer es conseguir que se crea en que hay un futuro, posibilidades que se abrirán.

Que llegará el momento en que ésta situación no será más que un recuerdo.

Precisamente ésto es lo que te da razones para levantarte por la mañana y para mirar a la vida de frente, a los ojos.

Por supuesto que nos encontraremos individuos que se dedican a robar la tranquilidad y la fe en el futuro.

Pero el conseguir que las personas y la sociedad crean que vendrá un futuro mejor nos corresponde a cada uno de nosotros, tanto a nivel individual como social.

A lo largo de la historia hemos superado épocas terribles, y hemos creado arte, cultura y belleza.

Somos más fuertes de lo que creemos, y una de las cosas que nos hace fuertes es saber que nos queda mucho por vivir, disfrutar y compartir.

Nuestro idioma, tan bello y tan sabio, tiene una expresión absolutamente maravillosa:

“Abrigar una Esperanza”, porque se sabe que si se la cuida y se la protege, sobrevivirá y nos llevará a un futuro mejor.