Todos hemos vivido alguna época de nuestra vida en la que buscábamos pareja.

No es una decisión fácil la de encontrar a una persona que nos vaya de entre aquellas que podemos conocer.

Además se nos añaden una serie de problemas sociales, como el de que “ésta persona no te conviene”, “se te va a pasar el arroz” o “confórmate con lo que tienes”.

Todos sabemos del daño que pueden hacer todos estos consejos bien intencionados.

Pero las frases que de verdad pueden fastidiarnos la vida son las que nos decimos a nosotros mismos.

Una de las cosas más difíciles es aprender que cosas que se han ido repitiendo de generación en generación a la hora de encontrar pareja, están equivocadas.

Si tuviéramos que hacer una categorización de las más perjudiciales, aunque podríamos llenar libros enteros, hay dos que brillan con luz propia:

La primera es “Ya le cambiaré”.

Está más que demostrado que generalmente la gente no cambia en lo sustancial.

Pueden fingir cambios en las actitudes y comportamientos mientras están en fase de seducción.

Pero la amarga experiencia nos enseña que cuando una persona considera que una relación está consolidada, vuelve a ser la que siempre ha sido, y vuelve a hacer los que siempre ha hecho.

La segunda frase más peligrosa, heredera de toda nuestra cultura romántica es “Tú me completas”.

Al decir esto asumimos de lleno la teoría de la “Media Naranja”, que el ser humano necesita una pareja para estar completo, lo que es una auténtica barbaridad de consecuencias muy peligrosas.

Asumir que llegará alguien que completará mis carencias y sanará mis heridas, y que una vez que le conozca mi dicha será completa, no pasa de ser una fantasía agradable.

Muchos de los fracasos de pareja se deben a que alguno de los miembros no ha “hecho los deberes” y no ha aprendido a ser una persona autónoma y capaz de sentirse bien por sí misma.

Es duro que alguien te ponga el peso de su felicidad sobre tus hombros.

Si hubiera que dar una directriz general a la hora de la elección de pareja, sería ésta: Ten pareja si con ella te sientes mejor que sin ella.

Si no, para sufrir, es mejor no tenerla.

Además, no tener pareja no significa que se vaya a estar solo.

En realidad no es tan difícil: elige a alguien que te gusta como es, sabiendo que no dependes de esa persona.

Y a partir de ahí, sigue creciendo.