Hace ya más de quince años que mi marido partió, dejándome sola con un niño pequeño y un hombre viejo, dejándome sola, sí, al cuidado del reino.

Años mirando al mar, esperando ver la vela de su barco…

Dicen que la guerra de Troya hace tiempo que ha acabado, y que Ulises mi marido tuvo que ver mucho en ello. Que Poseidón, el dios tutelar de esa ciudad aciaga, se ha vengado y no deja que retorne a mis brazos.

Estos años me he mantenido fiel, como toda buena esposa griega que se precie. No sé si podré decir lo mismo de él, los hombres suelen ser veleidosos en estos temas.

Voy sosteniendo y defendiendo su casa como puedo, mi condición de mujer solo me deja la paciencia, el ingenio y la lealtad  al recuerdo de nuestro amor.

Son muchos los nobles que me pretenden, instalados en nuestro palacio en una eterna fiesta, menguando tus bienes, el prestigio de tu casa.

Ulises, ¿qué te detiene lejos de mí?, de mis brazos, de mi cuerpo…

¿Te acuerdas cuando te fingiste loco para no alejarte de Ítaca?, que descubrieron tu engaño por tu amor hacia nuestro hijo. Esa vez te tendieron a ti la trampa… tu astucia no dio frutos, siempre hay alguien más listo…

Telémaco ya no pregunta por ti, se le ha olvidado tu rostro, teme que solo sea un sueño la imagen que guarda de su padre…

Por el momento voy repartiendo esperanzas entre estos hombres, a fin de defenderme les hago creer que estoy indecisa, qué no se a quien elegir…

Pero esto no puede durar para siempre, así que les he prometido que cuando termine una tela que estoy realizando, tu tiempo se habrá acabado, y elegiré un marido entre ellos.

Yo sigo esperando tú vuelta, así que deshago de noche lo que tejo durante el día, y esta es mi vida: tejer y esperar, destejer y no olvidar, rogando a los dioses que me den tiempo y que no te demores más…

 

Conclusión:

Ulises por fin regresó, matando a todos los parásitos alojados en su palacio, recuperando su reino y su hogar.

Siempre se cuenta la historia desde el punto de vista de Ulises, su participación en la guerra de Troya y su posterior peregrinaje por los mares, siempre ávido de aventuras pero anhelando su hogar – esa metáfora del ser humano eternamente desgarrado.

Pero nadie se detiene en que Penélope es crucial: sin su paciencia, su amor y lealtad,  no habría un  hogar al que regresar, ni un reino que recuperar…Ella y solo ella, decide qué sacrificar para mantener lo esencial, lo que merece perdurar – ese hogar – al que Ulises anhela regresar.

 

Reflexión:

Hay periodos en la vida, en los que solo queda resistir. Como arena en nuestras manos, lo bueno conseguido en el pasado – lo importante – parece escaparse.

Pero sin capacidad de aguante nos quedaríamos sin nada. Son periodos largos, en los que el tiempo se arrastra…Parecen periodos vacios de  nuestra vida, en donde las pruebas se amontonan para quebrar nuestra voluntad. Pero si logramos resistir,  es ahí donde se forja nuestro futuro en base a. lo que merece permanecer del pasado

A veces la fuerza toma  formas insospechadas.