A mediados de un otoño que aún se está insinuando, Rosalía anuncia Berhaim, la primera canción de su nuevo álbum Lux, cuyo nombre —luz en latín— ya es en sí mismo una declaración. La artista, cuya trayectoria ha sido un cruce constante entre lo ancestral y lo futurista, pone ahora el foco en lo invisible. Lo espiritual. Lo que vibra bajo la superficie. Rosalía no hace teología, pero su música, como la de tantos creadores actuales, invoca dialogando, con esa pulsión de claridad, con el deseo de vislumbrar algo más allá de la carne y la pantalla.
Vivimos en una época que se declara laica, secular, ilustrada. Sin embargo, las preguntas siguen intactas: ¿Qué nos trasciende? ¿Qué alumbra en la oscuridad? ¿Qué consuela sin nombrarse? La espiritualidad —esa palabra tan esquiva como antigua— regresa, no como dogma, sino como necesidad. Como sed.
“Si Dios no existe, ¿por qué lo echamos tanto de menos?”
(Sunshine, el amanecer de un siglo, 1999)
La frase, pronunciada en la película de István Szabó, resuena como una herida abierta en el cuerpo contemporáneo. En Europa, la religión institucional se desvanece, pero el deseo de lo sagrado permanece. Mientras Occidente se declara laico, el resto del mundo se aferra a una religiosidad plural y vital: desde las procesiones del sur global hasta los rituales digitales de conexión silenciosa. El vacío que deja Dios no es indiferente, sino inquietante.
El sociólogo Charles Taylor lo expone con claridad: la era secular, científica, no ha eliminado la espiritualidad, solo ha multiplicado sus formas. Hoy, creer no es obedecer una doctrina sino construir una gramática íntima de sentido. Y en ese cruce, el arte —como tantas veces— se convierte en altar.
¿Es la espiritualidad una nostalgia del absoluto? ¿Una respuesta psíquica al vértigo de la existencia? El neurólogo y psicoanalista Boris Cyrulnik sostiene en Psicoterapia de Dios que el pensamiento espiritual puede ser terapéutico: no por su contenido dogmático, sino por su capacidad de generar vínculos, relatos, consuelo. La imagen de Dios no es solo una figura cultural, sino una estructura emocional que ayuda a pensar el dolor, la pérdida, la finitud.
Desde la psicología profunda de Carl Jung hasta los estudios actuales sobre neuro-espiritualidad, se ha constatado que la experiencia de lo sagrado —sea religiosa, estética o meditativa— activa las regiones cerebrales relacionadas con la calma, la empatía y la conexión. Por lo que incluso los no creyentes pueden experimentar lo numinoso, puesto que la espiritualidad es una necesidad humana, que puede tomar diversas formas y caminos.
El arte, desde sus orígenes, ha sido lenguaje de lo invisible. En el presente, artistas como James Turrell, Marina Abramović o Bill Viola traducen lo inefable en luz, cuerpo y video. Sus obras no dicen: convocan. La espiritualidad contemporánea se manifiesta no en atmósferas, presencias, tensiones. La pantalla, que parecía barrera, se vuelve umbral.
En el entorno digital, la búsqueda de sentido no se detiene. Hay quien reza en TikTok, quien medita con apps, quien encuentra consuelo en los algoritmos que repiten mantras visuales. Aunque la experiencia sea mediada, no deja de ser auténtica para quien la vive. La fe, como el arte, ya no necesita templo, pero sí espacio simbólico.
En este cruce de caminos, ¿debemos regresar a una religión determinada? ¿O más bien permitirnos nuestra propia forma de sentir la espiritualidad? Respetar y dejar que cada uno encuentre su lugar de luz, ese berhaim imaginario, es la tarea.
Porque el ser humano, incluso en la era de la hiperconectividad, sigue necesitando ritual, pausa, silencio… aunque todo parezca estar en contra. No por debilidad, sino por hondura. Como quien entra en una iglesia vacía y se sienta, no para rezar, sino para estar. Para recordar que hay algo más. Algo que no se puede nombrar, pero se siente.
La sed de Dios no siempre tiene nombre.
A veces es solo una canción que resuena, incluso dolorosamente, como nos canta Rosalía.
Para saber más:
- Cyrulnik, Boris (2018). Psicoterapia de Dios. Ed. Gedisa.
- Jung, Carl G. (2004). Psicología y religión. Ed. Paidós.
- Taylor, Charles (2014). La era secular. Ed. Gedisa.
- Bauman, Zygmunt (2010). Tiempos líquidos. Vivir una época de incertidumbre. Ed. Tusquets Ediciones, S.A.




