Nocturno en el Bidasoa. Menchu Gal, c.1985. Sala de Exposiciones Menchu Gal, Irún (Guipúzcoa).
La trayectoria artística de Menchu Gal (Irún, 1919 – San Sebastián, 2008) constituye uno de los capítulos más singulares y luminosos de la pintura española del siglo XX. Su obra se enraíza en el paisaje vasco, en sus perfiles atlánticos y su luz húmeda, pero se expande con una vibración cromática que la sitúa en un diálogo abierto con las vanguardias europeas y la modernidad plástica.
Formada en París con el pintor Amédée Ozenfant y en Madrid, donde ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando recibiendo clases con Arteta y Vázquez Díaz, la guerra civil la obligó a trasladarse de nuevo a Francia. De nuevo en la capital española, toma contacto con círculos intelectuales y artísticos de la posguerra, conociendo entre otros a Benjamín Palencia – maestro y referente en su pintura – Francisco San José o Rafael Zabaleta y formando parte del círculo de paisajistas de la “Segunda Escuela de Vallecas”.
Gal fue la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Pintura en 1959, lo que no solo supuso un reconocimiento a su maestría técnica, sino también un gesto simbólico en un contexto marcado por la hegemonía masculina en el campo artístico de la época. La última etapa de su vida estuvo marcada por el apoyo a las jóvenes generaciones de pintores vascos, así como la recuperación de la figura de su primer maestro, Montes Iturrioz (1901-1998), pintor esencial del fenómeno conocido como “Escuela del Bidasoa”.
Su pintura, deudora de la tradición postimpresionista y fauvista, se caracteriza por un uso libre y expresivo del color, que trasciende la mera imitación para convertirse en una afirmación emocional del paisaje y del objeto. Menchu Gal no representó el paisaje guipuzcoano; lo encarnó desde la memoria afectiva, dotándolo de un ritmo plástico donde el cromatismo —a menudo exaltado, nunca estridente— construye atmósferas cargadas de intimidad y energía. La elección de los tonos y su distribución sobre la superficie pictórica no responde solo a un deseo estético, sino a una mirada ética y amorosa sobre su entorno.
En su obra se advierte también una dimensión silenciosamente reivindicativa. Frente al academicismo imperante en la posguerra española, Menchu Gal optó por una pintura libre, subjetiva, con un lenguaje visual que nunca se desligó de lo real, pero que supo convertir lo cotidiano en signo y lo familiar en emblema de resistencia y belleza. Así, la artista vasca inscribió en sus lienzos una forma de habitar el mundo —serena, decidida, luminosa— que hoy, con la distancia del tiempo, se revela como profundamente contemporánea.
Menchu Gal es, por tanto, una figura clave para comprender no solo la evolución del arte vasco y español en el siglo XX, sino también el lugar que las mujeres han ido conquistando, con silenciosa firmeza, en la Historia del Arte. Su legado pictórico, íntimamente ligado al paisaje y al color, sigue hablándonos desde la luz: una luz del norte, pero abierta al mundo.
Para saber más:
- ZUBIAUR CARREÑO, Francisco J. Menchu Gal, la alegría del color. Editorial Turner, 2011.
- MORENO RUIZ DE EGUINO, Iñaki. Menchu Gal. Ayuntamiento de Irún, 2005.
- Menchu Gal 100 urte/años.
- 📺Documental en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=ek4a-Zzd-XM




