¿Alguna vez has pensado lo importantes que son las palabras?.

Son como ladrillos con los que construimos nuestra forma de pensar.

Y vienen de los lugares más insospechados.

Algunas  de ellas tienen un origen marinero.

Unas cuantas son más fáciles de detectar: Todo el mundo sabe lo que quiere decir que una relación “naufraga”, que un negocio  va “viento en popa”, que alguien “se mantiene a flote” o “se va a pique”, que un asunto “llega a buen puerto”,…

Pero hay otras palabras a las que les gusta ser más discretas.

Su origen sigue relacionado con el mar, pero como se usan continuamente, no es tan fácil darse cuenta.

Cuando una persona está “atormentada”, estamos usando una palabra de navegante, que nos habla de cielos cubiertos, nubes oscuras, vientos fuertes, lluvias y rayos.

Pero si decimos que esa persona es “serena”, estamos utilizando la palabra que los marineros utilizaban para hablar de un cielo limpio, azul, con pocas o ninguna nube  y en el que se puede ver el sol.

Cuando alguien corre un “riesgo”, hemos de recordar que ésta palabra viene de la palabra “risco”, que es una roca que asoma entre las olas y supone un gran peligro, que puede hacer naufragar cualquier embarcación.

Pero una de nuestras palabras favoritas es “desastre”. Proviene de “des-astra”, es decir, “sin estrella”.

Esto sucedía cuando por el motivo que fuera, los navegantes perdían de vista la Estrella Polar  y podían acabar en cualquier lugar.

Una vida está condenada al “desastre” cuando pierde de vista aquello que es más importante y sirve para darle sentido.

Sería interesante que todos nos preguntáramos de vez en cuando: “¿Cuál es mi estrella?”.